Desde hace un tiempo vengo siguiendo, no sin cierta sensación de horror, la discusión que se está creando en torno al cálculo del índice de inflación. Estamos llegando al extremo en que doña Rosa mientras compra berenjenas en el mercado calcula la inflación basada en la tasación que le provee su verdulero de confianza. Huelga decir que el cálculo de la inflación, lejos de ser un campo abierto a la opinión y a la emoción popular, en general, es un campo altamente técnico. Hay una forma correcta o, al menos, generalmente aceptada por las oficinas de estadística de todo el mundo. El cálculo de la inflación no entra dentro del ámbito de lo que los griegos llamaban doxa (“opinion”, en setido peyorativo) sino más bien dentro del campo del saber, o bien, la “episteme” (después de este comentario me siento Mariano Grondona).
No me malinterpreten, no es que desprecie el saber popular o los conocimientos empíricos obtenidos a lo largo de una vida en Argentina. Despues de todo, vivir en Argentina es un deporte de alto riesgo que sin duda dejar experiencias de vida muy valiosas. La cuestión respecto a la inflación es que realmente no es un ámbito en donde haya mucha oportunidad de innovar, a menos que uno sea abiertamente malintencionado.
El problema de fondo, en mi opinión, es que en Argentina estamos acostumbrados a ser directores técnicos de todo. Por derecho divino, los argentinos sabemos mejor que nadie, 1) Como hacer un asado 2) La estrategia óptima para ganarle a los alemanes en el mundial 3) Que se debería hacer con el superavit fiscal del mes de junio (eso si, pocos hablan de que se debería hacer con el déficit) y 4) Cuantas brasas habría que agregarle a esa tira de asado que esta medio cruda. La lista podría continuar ya que el los Argentinos sabemos de todo....
Lo interesante es que lo sabemos todo y mejor que gente que se gana la vida haciendo el trabajo en cuestión (director técnico, ministro de economía, estadístico, cirujano). Sin el más mínimo sentido del pudor, damos cátedra de cosas que apenas conocemos.
Por cierto, para hacerlo utilizamos nuestro conocimiento que viene de.... ¿De dónde viene? De lo que dijo Tinelli en “Showmatch” anoche.... De lo que comenta algún deformador de opinión mientras lucra contándonos como el país se va a la mierda inexorablemente. De Susana y sus giganotosaurios que erran alegremente por la Patagonia.
En los países más serios la gente opina de las cosas que son opinables y deja a los técnicos determinar las cuestiones técnicas. Despues de todo, para eso están. Doña Rosa (versión Europea) no sabe cuanto es el riesgo país ni la cotización del dólar. Mucho menos se arriesga a debatir con el almacenero sobre la conveniencia de excluir los viajes a Méjico del cálculo del IPC.
Creo que los países más avanzados aprendieron la lección básica de despolitizar las cuestiones técnicas y por eso les va mejor. Por eso son estables y la gente confía en ellos. Saben que gane Sarkozy o Royal, las cosas van a andar más o menos igual. No hay giros bruscos a la derecha ni a la izquierda sino más bien correcciones leves y periódicas.
Por eso, mis queridos orejones del tarro, desde mi humilde foro que no será leído por nadie pero que al menos me divierte escribir, los exhorto (que buena palabra) a que luchen por salir del “País de los Directores Técnicos” antes de que, en una paráfrasis tanguera, nos cache la reina de los Korazones y nos de vuelta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario